Cambio climático y estabilidad financiera: por qué es tema de macroeconomistas

El cambio climático dejó de ser un capítulo de los informes ambientales para convertirse en una fuente documentada de riesgo macrofinanciero. La pregunta operativa para América Latina no es si afecta la estabilidad — es por qué canales, con qué velocidad y quién financia la respuesta.

Dos riesgos, relojes distintos

La literatura ordena el problema en dos familias. El riesgo físico — huracanes, sequías, inundaciones — destruye capital, interrumpe producción y golpea la cartera de los bancos expuestos a los sectores y regiones afectados. El riesgo de transición corre por otro reloj: cambios de política, tecnología o preferencias que reprecian activos intensivos en carbono — un riesgo especialmente serio para economías exportadoras de petróleo, gas, carbón y minería. América Latina tiene los dos: alta exposición física y matrices exportadoras intensivas en recursos naturales.

Del clima al balance

Los canales de transmisión son concretos: choques de oferta que suben precios de alimentos y complican la tarea de los bancos centrales; deterioro de carteras crediticias tras desastres; presión fiscal por reconstrucción justo cuando cae la recaudación; y primas de riesgo soberano que ya incorporan vulnerabilidad climática — varios estudios documentan que los países más vulnerables pagan más por su deuda, controlando por lo demás.

El desastre natural es un choque macro clásico, con un agravante: es cada vez menos raro y cada vez menos asegurado.

Lo de "cada vez menos raro" se puede medir. La figura cuenta, año a año, cuántos días superan el umbral de calor que cada país consideraba excepcional en la primera década del siglo — su propio percentil 95 entre 2000 y 2009.

Días al año por encima del percentil 95 de temperatura de cada país, promedio de 27 economías de América Latina entre 2000 y 2024
Por construcción, la década base promedia 17 días al año. En 2023 fueron 47 y en 2024, 57: lo excepcional de hace veinte años ocurre ahora casi dos meses al año. Fuente: VisualCrossing (temperatura diaria por país) · elaboración propia sobre 27 economías con serie completa.

Un supuesto actuarial construido sobre la frecuencia histórica de un evento envejece mal cuando esa frecuencia se triplica en dos décadas. Ese es, en una imagen, el problema que tienen encima los aseguradores, los bancos con cartera agrícola y los ministerios de hacienda que presupuestan reconstrucción.

El eslabón institucional: las redes de seguridad

Aquí entra un actor poco discutido: las redes de seguridad financiera — el FMI, los acuerdos regionales de financiamiento (RFAs) y los bancos centrales con sus líneas de liquidez. Los choques climáticos son exactamente el tipo de evento para el que existen: golpes de balanza de pagos súbitos, concentrados y no correlacionados con la mala gestión macro del país afectado. La agenda en construcción — en la que trabajé durante 2025 — pasa por adaptar instrumentos: líneas contingentes activadas por paramétricas climáticas, coordinación entre niveles de la red y financiamiento de la adaptación antes del desastre, que es sistemáticamente más barato que la reconstrucción después.

Tres ideas para llevarse

  • El riesgo climático es riesgo macrofinanciero — pertenece a los informes de estabilidad, no solo a los de sostenibilidad.
  • La medición va primero: sin datos de exposición física y de transición por país y sector, la conversación se queda en generalidades.
  • Las redes de seguridad necesitan actualizarse: los instrumentos diseñados para crisis de balanza de pagos tradicionales requieren ajustes para choques climáticos recurrentes.

Nota basada en una revisión propia de literatura y seminarios sobre cambio climático, estabilidad financiera y redes de seguridad financiera regionales (2025). La figura usa temperatura diaria por país (VisualCrossing, 2000–2024).